Verde

Verde

domingo, 7 de octubre de 2012



Un Año de Silencio.

Atreverse a escribir sobre uno mismo, muchas veces es un error o un acierto.

¿Cómo elegir las palabras para describir comportamientos absurdos y a la vez otros tan cuerdos y bien planeados? Me he jactado tantas veces de mirar el lado serio de la vida, que no me estaba dando cuenta de que disfrutaba aquellos momentos - cortos y también largos - en los que primaba mi instinto, mi parte emocional. Era mi personalidad siguiendo su curso, sin que la razón la atrape.

Momentos en los que no planificaba las cosas y salía todo al revés. Momentos en los que podía caminar o estar por cualquier lugar y sucedía justamente aquello cuya probabilidad de suceder era la más mínima. Podría plantear diversas hipótesis sobre esto. Pero no me quedo con ninguna. La vida es un remolino de imágenes y experiencias. También podría compararla con un laberinto, lleno de callejas y falsos pasajes, sin direcciones, sin mapas. No lo sé. Siento que estas descripciones no son enteramente mías. Una muestra más que nos sirve para comprobar que la mayoría de pensamientos son robados. 

Han pasado tantos días con sus noches, y nunca había sentido tan fuerte la necesidad de escribir sobre mi misma. Tal vez sí sentí un ligero escozor en la nuca cuando notaba que nunca dejaba nada escrito. Como si quisiera borrar mis huellas. Tuve un diario alguna vez, en mis épocas de colegio. Me lo encontré hace algunas... ¿semanas?..., sí, creo que fueron semanas. Viejo y desgastado, estaba lleno de rayones - no merecen el nombre de dibujos- y palabras inconexas. Sólo incrementaba mi confusión. 

El tiempo nunca ha sido importante para mi. Seguramente por eso, siento como si fuera sido ayer la última vez que me imaginé escribiendo esto, hace exactamente un año, si nos ponemos a hacer cuentas. Las personas encuentran muy necesarias las estadísticas. Necesitan datos, fechas, números..., supongo que les ofrece tranquilidad el tener casi todo controlado. Los seres humanos, necesitamos ubicarnos en cierta parte del tiempo, tener una historia, un pasado, que nos sirva para explicar el presente y pronosticar el futuro.  Aunque generalmente sea inútil, pues no podemos controlar las cosas. El destino no es nuestro.

¿Existe un destino? Tampoco lo sé. No tengo la certeza, pero siento que es así. Si pudiera controlarlo olvidaría lo que quiero olvidar, haría lo que debería hacer, sentiría en el momento necesario, y también dejaría de sentir. Los sentimientos y emociones son lo que nos motiva a actuar, no la razón. La razón los prefabrica, los adecua a estándares aceptados por la sociedad. No quiero promover la anarquía, pero sí me atrevería a afirmar, nuevamente, que nos estamos a acostumbrando a pensar como otros.

Por último, escribo ahora, porque tal vez no pueda mañana. Somos criaturas finitas y a pesar de ser un laberinto, la vida es una sola y es mía. Así que merece dedicarle unas cuantas palabritas, palabrejas, y también palabrotas. ¡Hasta la próxima!






No hay comentarios:

Publicar un comentario